¡Joder! ¡Mierda, mierda! –dijo mientras se cerraba apresuradamente la cremallera del pantalón. ¡Dios! ¡Casi me meo encima! ¿Qué demonios…? -farfulló mientras se acercaba hasta poder ver mejor de qué se trataba aquel amasijo de ropa, carne medio putrefacta y mechones de pelo arrancados y dispuestos cuidadosamente de nuevo sobre el cuero cabelludo que había sido despojado de ellos. No tendría más de los veinte. Y había sido salvajemente acuchillada. Parecía el trozo de carne de un carnicero cuando esta es una pieza a desechar. Se observaban claramente las incisiones. ¡La mierda! Repitió de nuevo. Es increíble es como una epidemia. Debe llevar días expuesta a toda clase de adversidades –pensó. Pero debería no tocar nada. Puede que si alguien pasa de repente, piense que ha sido yo y eso es algo que no me gustaría. No me gustaría que me acusaran de algo que no he cometido. ¿Entonces no tengo elección? Sigo mi camino, o saco de mi bolsillo el teléfono y llamo a la policía. Si la llamo que harán un montón de preguntas, me rodearan hasta que puede que diga algo poco conveniente para mí. Me bombardearan dos inspectores, tratando de sacarme qué hacia yo allí a aquellas horas. Y si les diga que casualmente me disponía a orinar, puede que no se lo crean, o si. Lo importante en estos casos es mantener la calma. Dejadle el muerto a otro. Cosa fácil a primera vista. Me olvido de lo que he visto. Cosa difícil a segunda vista. Tomo el camino de regreso. Cosa fácil a tercera vista. Me tomo una ducha de agua fría. Cosa difícil a cuarta vista, pues el agua baja recalentada por las tuberías. Introduzco una hoja en blanco en mi Olivetti M-40 y me dispongo a hacer una declaración en forma de historia, un relato pormenorizado de todos lo que visto. Cosa difícil a quinta vista pues no puedo olvidarme de los ojos abiertos, llenos de horror y fijos en un punto. Sus dedos manchados de sangre, rotos a causa de una lucha desesperada. No puedo escribir eso, no puedo tomar una ducha de agua fría para aliviar mi jaqueca, no puedo tomar el camino de regreso. No puedo olvidar lo que he visto. Así que lo mejor es que marque el número de la policía y tenga el valor de declarar lo que he visto. La chica bastante ha debido de sufrir como para dejarla ahí tirada como un saco de mierda. Que eso es lo que han hecho los descerebrados hijos de puta que la han matado. Podría ser mi hija y si lo fuera seria mi desesperación pero me pondría en manos de la policía para tratar de dar a los que han hecho esto. Pero yo no tengo ninguna hija -se dijo.
Desanduvo unos cuantos pasos hacia la parte superior de la pequeña hondonada donde había descubierto el cuerpo de la chica. Las ganas de orinar no le habían pasado y se apartó unos metros del lugar con el fin de aliviar su vejiga. Un vez que había orinado, más tranquilo, se colocó la gorra, se colocó en sus oídos unos pequeños auriculares y apretó el Play que hizo que su cabeza se inundara con las voces de los TheTemptations, mítico grupo cuya música iba de maravilla para el día que se avecinaba de tórrido verano.
Buscó desesperadamente alguna noticia sobre la chica muerta en los diarios de la mañana, pero no tuvo suerte. Pensó que tenía que volver de nuevo al lugar para cerciorarse de que todo aquello había sido un sueño. No era extraño leer en la prensa el hallazgo de chicas muertas salvajemente violadas y asesinada. Eran los tiempos que corrían –pensó. Pero a pesar de todo volvería al lugar a ver a la chica muerta, se lo había prometido a sí mismo.
domingo, 26 de septiembre de 2010
VOLVERÉ LO PROMETO, A VER A LA CHICA MUERTA
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