domingo, 26 de septiembre de 2010

Lástima, perdemos por el camino algunas cosas buenas ¡


-¿A que no sabes a quien he visto en la playa?- le dijo Anna a Fede su marido.

-Ni idea.

-Di algún nombre.

-Humm…-murmuró con sequedad. No sé ¿a Alfredo Pérez Rubalcaba?.

-!Jilipollas¡

-Vale, vale. A il Cavaliere.

-Doblemente jilipollas –exclamó dolida Anna.

-Me rindo.

-A tu ex.

-¿Cómo está?-

-Guapa y atractiva.

-Lo suponía.

-¿Desde hace cuanto no os veis. Veinte años? Los mismos que tu hijo.

-Por ahí…

-No se si la reconocerías. A mi me ha costado hacerlo. Venía hacía mi y algo me la hecho recordar. Los cruces algunas veces son inquietantes.

-Y era ella.

-Lo era.

-¿De qué habéis hablado?

-Cosas de mujeres.

-Si, pero de qué.

¿Quieres decir si hemos hablado de ti?

-Bueno, no exactamente

-¿Exactamente no? Pues no. No hemos hablado de ti.

-Bien, entonces de qué. Porque de algo habréis hablado me pregunto.

-Seguro. Ahí aciertas. Hemos hablado de cosas de mujeres.

-Vale. Me rindo.

-Tiene cáncer.

-No lo sabía.

¿Cómo lo ibas a saber?

-Tienes razón, de ninguna manera.

-Está en una fase avanzada.

-¿Qué pronóstico tiene?

-Malo. Supongo que ella ya lo debe saber.

-¿Crees que debería ir a verla?

-Eso depende de ti.

-Depende de mí. Claro depende de mí. Si te lo pregunto es porque no sé lo que hay que hacer en estos casos.

-Depende de ti y de tu relación con ella.

-Ninguna. No he tenido contacto en todos estos años.

-¿Le han dicho…?

-Si te refieres a uno, dos o más meses... eso nadie lo sabe. Están probando un nuevo tratamiento, más agresivo, pero parece que más efectivo.

-Las deja hechas una mierda.

-Al fin y al cabo es veneno lo que les suministran. Y no deja de ser una gran putada.

-Tendré que pensar lo que hago.

-Si quieres que te diga lo que tendrías que hacer, mi opinión es que deberías es ir a verla. Quedar con ella una tarde y hablar. Son muchos años, supongo que a uno y a otro os agradara veros y hablar de tantos años atrás. Si, ahora recuerdo, si, te nombró en un momento de la conversación.

-¿Y…?

-Nada, solo te nombró para recordar los buenos momentos que pasó contigo. También hizo mención de Andrea. Le vino a su memoria como se desencadenaron los acontecimientos. Tu hijo con Flavia vino en un momento inoportuno y de eso nunca pudo recuperarse. Tu ex, como a ti te gusta llamarla es una gran mujer. Lástima, perdemos por el camino algunas cosas buenas.

-Tendré que ir a verla.

-Me parece bien. Merece la pena volver a verla. –Dijo Anna con esa armonía que caracterizaban sus palabras cuando estaba de acuerdo en algo. De paso haz una fotografía de las sillas en aquella tienda que vimos el otro día. Probablemente podamos restaurarlas.

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